Son cerca de las 12 de la noche. Y no puedo evitar acordarme de ti.
''Solo sé que nada sé'' Esta es una cita muy popular y que mucha gente la ocupa en modo de ejemplo. El saber es un arma muy buena cuando sabes cómo aplicarla. Y es que a quien no le gusta saber un poco más que el otro y hacerlo mostrar. Cuando conocemos un detalle sobre cualquier área, en especial en la que nos reforzamos, y otra persona nos escucha con atención pues ellos tienen que oírnos para entender ese ''algo''.
Hoy una amiga me regalo el discurso de defensa de Sócrates para su condena, la Apología de Sócrates. Quizás no se dio cuenta pero hizo algo grande para mí. Es increíble este tipo me decía yo mientras lo leía. El tipo era acusado de creerse más sabio, o así en pocas palabras, de los dioses de su época, herejía. Y Él dice no ser más sabio de entre los dioses, sino que, según las palabras del oráculo del Delfos, él era el más sabio de entre los hombres. Y claro uno al escuchar estar esto piensa ''El tipo se quería poco'' pero el argumenta, básicamente, que no se considera sabio porque no conoce todo, y que en ese sentido era mejor que los demás. El no va por allí diciendo que sabe lo que no sabe, admite que es humano y no puede saber todo. Pero él hace un experimento. Va donde los poetas de su ciudad y le pregunta por obras que él consideró interesantes. Al analizar las obras de estos se dio cuenta de algo. Estos hicieron sus representaciones, sus escritos, por inspiración, ósea, algo divino. Algo por emociones y no por un argumento donde la sabiduría estuviera involucrada. Entonces Sócrates ante ellos era sabio porque el usaba la lógica. Pero Él insistía que no era un sabio.
Uno concluye con esto que, el sabio es el que no admite serlo. Y es solamente sabio cuando otros catalogan así a uno. En este caso los dioses decían que Sócrates eran sabio entre los hombres, y su don era el de ser un orador.
Y entonces yo que pienso con esto. ''Yo solo sé que nada sé'' Claro, al admitir que no lo sabía lo hacía sabio. Cuantas veces pienso que sé todo pero en realidad no sé nada. Quizás si admitiera que desconozco algo pueda aprender de aquel que sepa. Y esto me recuerda mis tantas charlas con Leticia. Es una intensa discusión, obviamente con el afán de pasarla bien y aprender del otro, la que tenemos ambos por cualquier tema. A veces me hace picar y me molesto cuando se pone terca, pero en el fondo ambos sacamos algo de la conversación. Es interesante el diálogo que puedo tener con ella para estas cosas. Yo obviamente disfruto mucho el tener con quien conversar cosas serias, y bueno de todo.
Yo tengo un problema. Mi problema es que no sé lo que no sé y por no saber eso no sé qué pensar y/o actuar. Sensaciones pasan por mi mente y corazón no dejándome hacer estas dos una. Yo no sé si las cosas van bien, si van mal, si es normal o si son anormal y es algo que a veces me gusta y a veces no. Y la verdad no soy de las personas que camina en las tinieblas sin saber donde piso. ''Sé'' que no siempre sabré donde doy los pasos y si fueron los correctos o no. Pero creo que debo averiguar en qué calle estoy y saber si estoy en la dirección que yo quiero. Yo sé que la vereda es ancha para poder caminar con alguien. Pero a la vez no sé quien es mi acompañante ¿lo eres tú? y como saberlo si nunca disipo esa sombra. Para mí la silueta de mi acompañante siempre es algo que puede cambiar. Pero yo te veo a tí, y eres quien sabe si serás tú la que me acompañe el resto de la calle o quizás hasta la esquina. Pero para saber ¿no hay que ir a averiguar?
Increíblemente la frase tiene más sentido para mí. Yo solo sé que nada sé. Pero lo curioso es que al saber que me falta algo lo busco y trato de averiguar qué es lo que no sé. Yo no sé si será para siempre, pero si sé que tú te estás volviendo mi presente y espero que mi futuro. ¿Déjame ser yo el tuyo?
viernes 12 de junio de 2009
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